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LA ALQUIMIA DEL SER:

EL CONOCIMIENTO OCULTO DEL MAESTRO

 

 

 

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¡ Bienvenido a La Escuela de Misterios !

 






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Este articulo está extraído del Libro "La batalla de Gandalf en el puente", está basado en una serie de grabaciones magnéticas sobre las conferencias y enseñanzas de Ramtha.


 

"¿Donde sobrevive la voluntad?

La voluntad no es parte del cuerpo emocional. El cuerpo emocional le suplica al cerebro la continuidad: la continuidad del pasado, la continuidad de la condición de uno en la vida. Se lo ruega al cerebro, y éste se lo concede. Pero el día que despertamos es el día que empezamos a oír las voces. Y como es un hábito, le seguiremos la corriente a las voces por un tiempo. Pero llegará una mañana en la que decidamos que por encima de nuestra humanidad somos realmente seres soberanos. Y ese día despertamos a la sabiduría eterna y pertenecemos a la eternidad."

Ramtha

 

"Cuando el maestro profesor se encuentra sobre un puente sumamente endeble delante de un monstruoso nigromante, tan siniestro y aterrador que te haría estremecer y le dice: "No puedes pasar", - un pequeño maestro contra un enorme nigromante- este es el pasaje que capta el mito del OBSERVADOR y de las voces del nigromante más genialmente que ninguna otra obra escrita. Esa es la verdadera historia de un maestro.

Esto es lo más profundo del mensaje: El nigromante podría, con toda seguridad despedazar al maestro en el puente puesto que es mil veces más grande. Pero el maestro tiene algo que el nigromante no tiene: Voluntad". Ramtha

 

¿Qué conocimiento oculto poseían los maestros y los santos del pasado que tú no posees? Te lo diré. Ellos entendían la alquimia del ser y que el verdadero ser es aquel al que el ser artificial le suplica. Y entonces, ¿quién eres? ¿Sabes quién eres? Ni siquiera lo sabes todavía, pues lo único que has hecho en todas tus encarnaciones es concederle los deseos a tu cuerpo emocional. Ni siquiera te han crecido alas para volar todavía. ¿Lo sabías? Piensas que la máxima euforia consiste en engañar a tu cuerpo y a tu mente. ¿Piensas que eso es todo? Qué desgracia la tuya. Piensas que la gran euforia es la comida; que la gran euforia es el victimismo. Piensas que la máxima euforia es la pena, la culpa y la vergüenza. ¿Y no sabes que alguien le está rogando eso a alguien?

 

 Yo nunca he sido el líder de hombres y mujeres débiles ni tengo la intención de serlo. Yo lideré a personas que estaban dispuestas a soñar el sueño de un horizonte que ni siquiera podían imaginar. Lo siguieron con fe. ¿Por qué? Porque no tenían un hogar; la naturaleza lo iba destrozando todo a sus pies. Su única opción era morir o seguir adelante. ¿Qué había adelante? Un Dios. Es sólo un arquetipo del Dios dentro de ti. Yo nunca dirigí a los débiles; son los que mueren a la primera señal de guerra o cuando tienen que ponerse en marcha y cambiar. Los que me acompañaron los últimos ciento veintiún días de mi vida vieron el mundo y encontraron un hermoso valle donde establecerse, y finalmente pude dejarlos descansar. Yo representaba el Observador en cada uno de ellos, porque yo mismo lo era. De manera que cuando yo dirigía, ellos me seguían, y el Observador en mí era el Observador en ellos. Esa es la razón de que estés aquí.

 

No hay mujer en esta audiencia que no sea divina por justo derecho. Es sólo que te has engañado a ti misma al pensar que no lo eras; realmente lo has hecho. Y piensas que el hombre es tu enemigo. El hombre no es tu enemigo, tu enemigo es tu engaño. Ese es el enemigo. Y no hay ningún hombre en esta audiencia que no sea Dios. Pero piensas que tu enemigo es tu sexualidad, que el enemigo es la conquista. Ese no es el enemigo. El enemigo eres tú mismo, las voces. Porque si a todos vosotros os despojásemos del cuerpo mientras estáis ahí sentados, seríais los Dioses olvidados que están empezando a despertar.

 

Ahora, ¿quién serías y cómo serían tus relaciones si prescindieras del cuerpo? ¿Te seguirían amando tus amantes? ¿Te seguirían amando tus hijos? ¿Los seguirías amando tú? Así es el Observador. Tú sigues intentando corromper al Observador. Esta túnica que llevo puesta es como tu cuerpo, y así como yo no soy esta túnica, tú no eres tu cuerpo.

 

Entonces, ¿en qué quiero que trabajes? Quiero que trabajes en el principio de ocupar la posición del Observador y de que verdaderamente observes. Y que no ocupes nunca la posición de las emociones ni la posición de la culpa; ni siquiera la reconozcas. Y nunca ocupes la posición de la víctima; ni siquiera la reconozcas. Ni tampoco la posición de tu sexualidad; ni siquiera la reconozcas. Ni la posición de la carencia; ni siquiera la reconozcas. Quiero que seas el Observador, aquel con el que están intentando comunicarse las voces que siempre has sido. ¿Entiendes?

 

Cuando hablamos de gente que tiene claridad, un maestro con las cosas claras, nos referimos a una persona que tiene verdadera claridad y para la cual estos problemas no son complicaciones en absoluto. Cuando piensan en una manifestación nunca se preocupan de cómo afectará a sus vidas. Tú, sin embargo, aceptas cada mensaje que te envío de una forma ambivalente, porque siempre te cuestionas cómo afectará a tu vida. Si todavía tienes que pensar en eso, significa que no eres el Observador, sino las voces. Contempla esto.

 

La biología celular y la conexión del pensamiento

Observemos una célula común. Me atrevería a decir que hay células en el cuerpo que son iguales a este dibujo; es una célula seccionada en dos. Aquí vemos el núcleo, el ADN y el ARN. El ARN hace que la sección de la célula pase por su pequeña fábrica alquímica. 

 

A partir de allí se fabrican las proteínas de aminoácidos y se suministran a la célula. La célula, entonces, se transforma de acuerdo con cada una de estas entidades de información, y como consecuencia, cambia. Una vez que cambia, crea circuitos de información de péptidos que se vierten en el riego sanguíneo y vuelven al cerebro. Los péptidos regresan al centro de información del cerebro, llegan al hipocampo, a la pituitaria, y desde la pituitaria, a la red neuronal que se ve afectada por el cambio de dicha célula. Y eso significa que la actitud, la nueva actitud como el Observador, ha producido finalmente un cambio que ha afectado a una de esas pequeñas células. Y cuando la célula finalmente cambia, envía la información a aquello que se llama el sistema límbico del cerebro, notificando que se ha producido el cambio. Entonces se crea la conexión fija de la red neuronal en el cerebro, y finalmente cambiamos. ¿Entiendes?

 

Así que las voces van a continuar interrumpiendo nuestro reposo. Desde el cerebro nos va a seguir llegando información concerniente a nuestro pensamiento común, y esa información quiere ser aceptada por el cerebro para poder permanecer intacta. Pero como el Observador, tenemos que mantener la actitud aquí, y escuchar a la red neuronal cuando dispara. Una vez que dispara, lo que debemos colocar en el lóbulo frontal no es el deseo de continuidad de la red neuronal, sino un nuevo paradigma. Necesitamos tener un pensamiento claro que podamos proyectar allí para que interrumpa el flujo. Porque una vez que podemos mantener el pensamiento en el cerebro mientras dispara y dice: «¿y tú qué dices?», si no eres consciente, el «tú qué dices» dice: «que así sea», pero una vez que te vuelves consciente, empezamos a ser más objetivos respecto a la conversación de nuestro cuerpo.

 

La única forma de acallar las voces es manteniendo fijo el nuevo pensamiento. Y el nuevo pensamiento no producirá ninguna sensación. Podría compararse al efecto de un solo hombre o una sola mujer que luchan contra un ejército de dos mil guerreros. Los guerreros están equipados, y lo único que puedes hacer es decir: «No puedes pasar». Esa es tu espada. ¿Cuánto poder tiene ese ser que dice «no puedes pasar»? Un solo ser en contra de dos mil guerreros armados. ¿Quién es más poderoso? El ser que dice: «no puedes pasar». ¿Y sabes cuál es la espada de un ser como éste? La voluntad. La voluntad absoluta; una voluntad que no se siente intimidada por las necesidades del cuerpo emocional. Repite esto con tus palabras, por favor.

 

La batalla de Gandalf en el puente

En la gran colección de libros llamada El Señor de los Anillos, se cuenta una gran historia sobre lo que te estoy diciendo. Si alguna vez estás interesado en leer sobre el Observador versus la humanidad, deberías leer estos libros, porque hablan sobre la verdad. De hecho, el libro entero está dedicado a la verdad. Cuando el maestro profesor se encuentra sobre un puente sumamente endeble delante de un monstruoso nigromante, tan siniestro y aterrador que te haría estremecer, y le dice: «no puedes pasar», -un pequeño maestro en contra de un enorme nigromante- ese es el pasaje que capta el mito del Observador y de las voces del nigromante más genialmente que ninguna otra obra escrita.

 

Esa es la verdadera historia de un maestro; ese pasaje en particular: «no puedes pasar». Una pequeña entidad que le habla a un enorme nigromante que se acerca desde el otro lado del puente. Debajo del puente yace el abismo, y el maestro, protegiendo a los que ya habían pasado, se adelanta y dice: «no puedes pasar».

 

Imagínate a un nigromante que te mira y dice:

«¿Qué pasa? ¿No me tienes miedo»

«No, no te tengo miedo. Y no vas a pasar.»

 

 

Esto es lo más profundo del mensaje: el nigromante podría, con toda seguridad, despedazar al maestro en el puente, puesto que es mil veces más grande. Pero el maestro tiene algo que el nigromante no tiene: voluntad.

 

«No pasarás.» ¿Sabes que la voluntad es algo muy poco común en la humanidad y en los nigromantes? Es una de las raras cualidades de la grandeza.

 

«No pasarás. No me importa lo grande ni lo malo que seas; no me importa lo feo que seas. No pasarás, porque yo lo digo.» Esta es el arma más efectiva que existe. Y el maestro y el nigromante libran la batalla.

 

Escúchame: cuando frente a un peligro horroroso, una persona llega al borde y dice «no pasarás», ese es el gran momento en que el Dios se hace presente y dice: «No pasarás. No me importa si piensas que puedes matarme. No me matarás jamás, porque no pasarás. No importa lo que le hagas a mi cuerpo, lucharé contra ti aunque no tenga cuerpo, y aun así no pasarás. Porque si destruyes mi cuerpo me conviertes en un monstruo todavía peor.» ¿Entiendes? ¿Qué vas a hacer con alguien a quien puedes matar, pero que en cuanto lo haces liberas su espíritu y se vuelve más terrible todavía? ¿Qué vas hacer al respecto? Eso es un maestro. Un maestro no tiene por qué ser una entidad grande, puede ser una entidad pequeña; simplemente tiene que ser obstinado. «y no lo harás.» Eso es voluntad. ¿Y sabes qué se requiere para ser de este calibre? Ser el Observador, que es intrépido e incorruptible.

 

Y no me importa lo numeroso que sea el ejército. No me importa lo malo y lo grande que sea el extraterrestre; ese extraterrestre no le hará nada a alguien que se plante y diga: «¡No! Tú puedes llevarte mi cuerpo, y si lo haces, hazlo, porque sufrirás las consecuencias, ya que seré peor de lo que jamás hayas soñado.» ¿Entiendes?

 

Desearía que leyeras ese pasaje. Entonces entenderás de qué hablo aquí con respecto al Observador. El maestro que se convierte en Cristo es el Observador por excelencia. No importa la vestimenta que lleve puesta. «No puedes pasar. Dame tu espada, córtame la cabeza, libérame de este cuerpo, porque en cuanto lo hagas serás una mota de polvo, y yo seré un huracán. Tú eliges lo que quieres hacer.» ¿Entiendes?

 

El maestro es el genio de la botella, parece que él fuera la botella. Y el genio dice desde la botella: «En el momento que me hagas algo, me destaparé y saldré de aquí. Y tú serás una mota de polvo, y yo seré un huracán. No puedes pasar de ninguna manera». Eso es Dios. ¿No lo entiendes? Dios no tiene que pensar sobre lo que tiene que decir; Dios no necesita ensayarlo; no tiene que volver atrás y reforzado. Simplemente adopta una postura, yeso es todo.

 

¿Quiénes son tus nigromantes? Son los demonios que has creado y agrandado a partir de situaciones de tu vida que son ridículas. El día que tu Observador se detenga en el puente y diga: «Hasta aquí has llegado. No vas a pasar por aquí hacia mi nueva vida; estoy aquí para decirte que hasta aquí has llegado.» Dios mío, estamos hablando de caos total, ¿no es así? Porque puedo traerte al extraterrestre más feo, malo y cruel que hayas visto en tu vida, y te aterrará. Pero no hay nada más espantoso que un enemigo sutil. Y el enemigo sutil es tu pasado y tu victimismo y todas las cosas que repites continuamente: «si no hubiera sido por este incidente... si no hubiera sido por esto otro...» ¿No me has escuchado? Los conviertes en nigromantes. Y cuanto más obligados se ven a destrozar tu vida y tu poder, más grandes se vuelven. Y solamente existen en tu mente.

 

Y la persona al final de la acera no tiene ni la menor idea de tus problemas, no sabe que tienes un demonio en la espalda, igual te va a pedir veinticinco centavos; no le importa. A la hacienda pública no le importa; les tiene totalmente sin cuidado. ¿Qué pasa cuando te detienes en el puente y dices: «no puedes pasar»? Es muy sencillo. ¿A quién se lo dices? Se lo dices a tus problemas; a los problemas de los que hablas con tus amigos, tu familia, tu compañero: «él me hizo esto, o ella me hizo lo otro; fueron ellos; no tengo suficiente y ellos me lo quitaron, y ahora mírame.. .» No importa de qué voz se trate: es siempre el nigromante en el puente. Y hasta este momento has permitido que ese nigromante devore todo en tu vida. Le has permitido que devore el corazón de tu vida. Por eso os llamo los muertos vivientes.

 

Cuándo será el día que te levantes y digas: «Escucha, me da igual lo que sea de mí al otro lado del puente. Simplemente ya no vas a salirte con la tuya. Y puede que no tenga el mismo aspecto ni me sienta igual. No lo sé. Pero estoy cansado de que me persigas, y en verdad, estoy harto de acobardarme ante tus necesidades. Verdaderamente lo estoy.» Y ese es el día que te detienes y dices: «Ya no puedes pasar. Intenta destruirme con tu mejor arma. Haz lo que tú pienses que me acobardó en el pasado; jamás volverá a acobardarme de nuevo.» Este es el día en el que te vistes de blanco. Es el día en el que entiendes el mensaje.

 

¿De qué estamos hablando? Y algunos pensáis, «¿de quién estás hablando?» Hablo de ti, que enumeras todas las razones por las que no eres feliz y las razones por las que necesitas que la gente que te rodea te haga feliz. Hablo de toda la gente enferma de esta audiencia, y de todas las justificaciones que se pueden dar de la enfermedad. Y hablo de toda la gente infeliz de esta audiencia, y de todas las razones que les dan a los demás de por qué no son felices. Y hablo de todos los que piensan que nunca serán felices hasta que no tengan todo el dinero del mundo; de todos los que pensáis que no seréis felices hasta que estéis con la persona de vuestros sueños. Esto tiene que ver con todos vosotros, con todos los que han sido heridos, violados o abandonados. Estoy hablando contigo. Tú creaste a esos nigromantes.

 

Y esta Escuela de Misterios es para que te enfrentes a ellos y para que sigas adelante sin ellos; para que luches contra ellos y les digas: «No puedes seguirme. Dejarás de ser la razón de mi vida. Y puede que ya no tenga una razón; puede que empalidezca y que mis mejillas no vuelvan a sonrojarse; y puede que no sepa si soy un hombre o una mujer. Y es posible que no sepa cuánto dinero tengo, ni quién me importa; y puede que no sepa si soy digno, pero de lo que sí estoy seguro es de que nunca más tendré que vivir según tus gustos, y que lo único que busco es la felicidad.» Explica esto con tus palabras, por favor.

 

¿Entiendes hasta ahora? ¿Lo entiendes? En este momento me gustaría que la Maestra de los Libros te consiga El Hobbit y El Señor de los Anillos (1) y que, como lectura requerida por Ramtha, empieces a leerlos mientras estás aquí. Deja a un lado todo lo demás, Las Moléculas de la Emoción. (2) ¿Para qué? Eso ya lo sabemos.

 

¿Cuál, es por lo tanto, la sabiduría de un verdadero desafío? Bien, lo leerás en estos libros. Así que a partir de mañana quiero que todo el mundo empiece a leerlos. Todos los que estáis en esta audiencia. ¿Me entiendes? Que así sea. Deseo que leas sobre una criatura pequeña y hogareña, con vello en los dedos de los pies, que vive en un pequeño agujero de hobbits, y que le encanta comer y fumar la pipa. No es muy romántico para vosotros, que vivís en la imagen, pero es un comienzo. Más adelante en este libro, conocerás a un misterioso maestro profesor. Vas a aprender mucho sobre la humanidad y sobre el desafío del ego alterado.

 

Este libro fue escrito por un maestro que pertenecía a la sociedad secreta de los francmasones y que comprendió la verdad en un nivel en el que tú no la entiendes todavía. Así que lee sobre la Tierra Media; es un relato actual. ¿Tengo tu palabra de que empezarás a leerlos a partir de mañana? Que así sea.

 

Ahora escúchame. ¿Existen los Jinetes Negros? Sí. ¿Existen maestros como el Maestro Gandalf? Sí. ¿Existen corceles como Sombragrís? Sí. ¿Existen los elfos? Sí. ¿Existen los seres llamados hobbits? ¿Existen los trolls? Sí. ¿Existe un lugar llamado la Tierra Media? Por supuesto, y sigue viva hoy en día. Lee esos libros. Descubrirás, con lo que sabes, que hay más verdad en estos libros que en ningún otro que hayas leído antes. ¿Entendido?

 

Lo importarte de esto es que cuando deseemos declararle la guerra a las injusticias de la vida y estemos dispuestos a enfrentamos a aquello que gobierna al mundo -y recuerda que lo que gobierna al mundo es en realidad nuestro mundo y se convierte en un mundo personal; y se trata del yo personal y subjetivo, el yo subjetivo de lo que es importante para cada uno de vosotros, es lo que te mantiene limitado, atado y esclavizado, lo que te apoya artificialmente-, el día que te dirijas al final del puente y le digas a tu pasado «por aquí no puedes pasar», y lo digas en serio, ese es el día en el que también tú te enfrentarás a aquello que se llama el diablo y también tú te transformarás, pues será el día más sublime de tu vida. ¿Contra qué luchas? Contra tu pasado, tus mentiras, tu humanidad, contra el pensamiento de que eres tu cuerpo, contra el hecho de depender de tu historia.

 

Y no importa que alguien te diga que eres estupendo, aún así sigues envejeciendo; no se trata de eso y no se trata de lo que alguien te hizo. El día que estás dispuesto a dejar todo a un lado y a quedarte de pie en el puente desnudo e indefenso, con tu pura voluntad y nada más, es el día que despiertas realmente y de eso trata este mensaje. Y todo gran ser de la antigüedad entendió ese mensaje. ¿Tienes tú la capacidad de entenderlo? Como dije, si ahora estás escuchando las voces del color rojo con el que tanto te identificabas anteriormente, te tienes que preguntar a ti mismo, ¿quién es el dorado al que le habla el rojo? (3)

 

Ahora, ¿qué quieres ser? ¿El dorado o el rojo? Una pregunta muy sencilla. Finalmente tienes que aceptar que tus emociones están diciéndole algo a alguien. ¿No sería mejor ser el «alguien» que ser las emociones? Obviamente, ese alguien es tan poderoso que las emociones necesitan que les conceda un derecho de paso para que continúen siendo como son.

 

En otras palabras, la razón por la que no has experimentado mucha magia en tu vida es que estás ocupado escuchando tus limitaciones y admitiéndolas, así que todo se mantiene en statu quo. Pero el momento en que pongamos dinamita en el puente y lo hagamos estallar, verás lo fragmentada que puede volverse tu realidad. Y solamente se debe a que dijiste: «No puedes pasar».

 

Sigue en El Disparatado Mundo de la Física Cuántica


 

RAMTHA es una inteligencia extraordinaria de profunda sabiduría y amor. Es canalizado a través de una mujer llamada JZ Knight, que le permite usar su cuerpo para transmitir su mensaje a la humanidad. A través del cuerpo de JZ Knight, Ramtha ha dado cientos de audiencias por todo el mundo desde 1978. Ramtha es una colección de transcripciones extraídas de las grabaciones de estas audiencias. 1  

 

(1) TOLKIEN, J .R.R.: El Hobbit y El Señor de los Anillos, Ediciones Minotauro, Barcelona, 1998.

(2) PERT, CANDACE B.: Molecules of Emotion, Simon & Schuster, Inc., New York, 1997.

(3) Ser el color rojo en el arco iris es una expresión que describe la incapacidad común de las personas de reconocer sus propios defectos y limitaciones; cuando somos el rojo en el arco iris, podemos ver todos los demás colores, excepto el rojo.

 

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