TARTESSOS.INFO

 

BASAJAUN: "EL YETI VASCO"

 

ARQUEOLOGÍA PSÍQUICA     PRINCIPAL

     Iván Rámila - Criptozoología . Revista Año Cero nº02-199


 

Música

on/off


 

¿EL ÚLTIMO HOMBRE SALVAJE EUROPEO?

En la riquísima mitología vasca destaca un personaje que por su descripción y atributos humanos ha despertado el interés de antropólogos y criptozoólogos. Es el Basajaun, el «señor del bosque». ¿Estamos ante un mito o existió un ser como el descrito en las leyendas?

" El Basajaun no es exclusivo de Euskadi; encontramos criaturas semejantes en otras zonas de España "
 

La creencia en el Basajaun es anterior a la invasión romana de la Península Ibérica. Se trataría una criatura humanoide, cubierta de pelo, larga melena y con un pie de planta circular, como la pezuña de una ternera. Aunque la tradición alude a su gran talla y fortaleza, no lo presenta como un ser dañino o peligroso. Al contrario, se le tiene por protector de los rebaños, pues avisaría mediante silbidos de la llegada de tormentas o de la cercanía de lobos. Los pastores -dice la leyenda- saben de su presencia porque el ganado hace sonar al unísono los cencerros; señal de que pueden descansar tranquilos, pues este espíritu que habita en el interior de los bosques y en las cuevas más profundas velará por su des­canso. A cambio, el Basajaun sólo pide un trozo de pan, que recogerá cuando el cuidador del rebaño duerma, para evitar todo contacto con los seres humanos.

El folclore vasco también atribuye al Basajaun la responsabilidad de transmitir a los humanos los secretos de la agricultura, el trabajo en hierro y la construcción de determinados utensilios, como la sierra y el molino. El mítico ser pertenecería, por tanto, a una raza casi extinguida, de categoría algo superior a la humana y dotada de ciertos poderes sobre las fuerzas de la naturaleza, lo que le conferiría un carácter de semidios. Algunas tradiciones orales también se refieren a la Basandere, compañera femenina del Basajaun y de similar aspecto y comportamiento.

Los «yetis» españoles

Este mito no es exclusivo de Euskadi. Con algunas diferencias, encontramos criaturas semejantes en otras zonas de España. Por ejemplo, en Asturias está el Busgosu, genio protector de los bosques y de los seres que en ellos habitan. Su forma difiere de la del Basajaun, pues se le atribuyen unas características físicas cercanas a las del fauno. Sin embargo, también se habla de él como señor de los bosques y se le representa con una larga cabellera.

Esta misma tradición la hallamos en Cantabria, pero en este caso el mítico ser tiene forma de trasgo. No podemos olvidarnos del Basajaun aragonés, criatura de los bosques pirenaicos que, al igual que su homónimo vasco, ayuda a los pastores a cuidar el rebaño. Las leyendas que venimos comentando ponen de manifiesto que en el norte de España, en las zonas más boscosas e inaccesibles, existe la creencia en una especie de hombre salvaje que habita el interior de las forestas y que ayuda al ser humano en sus quehaceres básicos.
 

Quizá nos enfrentamos sólo a una serie de narraciones legendarias; pero como en todo mito, siempre existe un poso de verdad, aunque oculto bajo el velo de la imaginación y la tradición. ¿Fue el Basajaun una criatura real o, por el contrario, no se trata más que de una leyenda que intentaría explicar de un modo fantasioso hechos entonces desconocidos para el ser humano, como el nacimiento de la agricultura?

La explicación más sencilla es que, efectivamente, nos movemos simplemente en el mundo de la mitología. En un territorio como el vasco, que aun hoy tiene el 65% de su superficie cubierta por bosques, no es extraño que surgieran leyendas alusivas a la existencia de seres y criaturas fantásticas que moraban ocultas en la foresta.

Para el vasco ancestral, los árboles adquirían una gran importancia. Baste pensar que las decisiones que afectaban a todas las comunidades se tomaban en tomo a un roble localizado en la Villa de Gemika, a cuya sombra hoy siguen jurando su cargo los lehendakaris recién elegidos. O que la frontera con Castilla la constituía el llamado Árbol Malato.

En el folclore vasco a los bosques se les llegó a atribuir pensamiento racional e, incluso, la facultad de comunicarse y hasta de desplazarse. Es lo que el antropólogo José M. Barandiarán llama la teoría animista, según la cual los antepasados dotaban a los animales y a los vegetales de un cuerpo animado y un alma. Pero los vascos fueron más allá y conformaron una religión politeísta en la que los seres míticos poseían rasgos humanos y una forma animal o semihumana.

Según esta visión, el Basajaun no representaría más que la creencia en un espíritu del bosque al que se le confirió un aspecto medio humano, medio animal; pero en ningún caso estaríamos ante un ser real. Además, para abundar en la hipótesis legendaria, nos encontramos con mitos similares en otros contextos culturales. Así, el Basajaun posee grandes similitudes con Prometeo, aquel humano que robó el secreto del fuego a los dioses; lo mismo que hizo Sanmartiniko con el secreto de la agricultura o la fundición del hierro. Por lo tanto, todos estos personajes fueron considerados protectores de los hombres.
 

El último neandertal

Sin embargo, puede que la figura del Basajaun no esté basada simplemente en la imaginación de los antiguos pobladores de la foresta vasca. La descripción tan detallada del personaje y su similitud con los antepasados del ser humano, han inducido a algunos heterodoxos a pensar que quizá la leyenda posea cierta base real. En otras palabras, en un pasado remoto algún tipo de «yeti» debió vivir junto a los hombres en aquellos parajes.

Una de las posibilidades barajadas es que el Basajaun en realidad sea el recuerdo legendario de una época en la que existían neandertales por los parajes vascos. De hecho, se sabe que éstos llegaron a convivir durante unos 10.000 años con los horno sapiens, nuestros ancestros. Por fantasioso que pueda parecer, no es descabellado que los antiguos habitantes de la comisa cantábrica hubieran visto en esa raza, hoy extinta, una especie de semidioses. El paso del tiempo y la imaginación acabarían por crear la imagen del Basajaun, cuya leyenda ha perdurado hasta nuestros días.

Los fósiles más antiguos de neandertales prueban que comenzaron a poblar la Tierra hace unos 150.000 años. Su aspecto era más rechoncho que el de los homo sapiens, con miembros más cortos y una altura menor, aunque parece que algunos de estos especímenes podían llegar a medir 1,70 metros de estatura. El pelo cubría todo su cuerpo y su gran masa muscular les infería una fuerza tremenda.

Se puede constatar, entonces, que la descripción de esta raza concuerda con la figura mítica del «yeti» vasco. En aquellas remotas épocas los horno sapiens veían a los neandertales como una especie superior, tanto por su fortaleza como por sus habilidades, ya que los hallazgos antropológicos han demostrado que poseían unas capacidades técnicas y manuales muy notables, incluso superiores a las de nuestros ancestros.

Los neandertales eran capaces de fabricar útiles y herramientas de madera y piedra, lo cual les permitió mejorar las técnicas de caza. Se ha averiguado que llegaron a dominar procedimientos complejos, como el del calentamiento de la resina de abedul, que luego utilizaban como adhesivo entre la piedra y la madera. También eran agricultores, cazadores y recolectores. Gracias a su robustez e inteligencia pervivieron durante miles de años. Habitaban en cuevas que preparaban para la llegada de los inviernos levantando cabañas y muros de protección en su interior. De nuevo nos encontramos con características similares a las que la tradición atribuye al Basajaun, pues éste también mora en cavernas y posee habilidades muy parecidas.

A pesar de su aparente superioridad sobre otras especies, se piensa que los neandertales desaparecieron hace unos 30.000 ó 40.000 años, coincidiendo con la invasión de las poblaciones de homo sapiens llegadas desde África (Nota de Soliman: esto último es cuestionable e incluso parece que regresaron de nuevo a donde nacieron, los sapiens, claro).

Curiosamente, uno de los últimos reductos de neandertales se localizó en la Península Ibérica y, más concretamente, en la zona norte y los Pirineos. Algunos vestigios, como los hallados en la localidad cántabra de El Castillo, dan cuenta de su presencia.

Por tanto, es fácil concluir que en aquellas zonas de la Península en las que habitaron neandertales pervive hoy en día la creencia en el Basajaun, el Busgosu o el Basajarau. Los homo sapiens y los neandertales llegaron a convivir por espacio de miles de años. Incluso se especula con la posibilidad de que ambas razas se cruzaran de forma ocasional, aunque de ser así sus descendientes no tuvieron éxito y desaparecieron irremediablemente (Nota de Soliman: esto tampoco es compartido por mi. Si ese contacto se produjo, es de suponer que también existió algún tipo de intercambio cultural. En esta supuesta relación entre ambas razas, los neandertales serían vistos por los homo sapiens como una especie de seres superiores o maestros que les transmitían saberes básicos para la supervivencia diaria.

¿Está el origen de la leyenda del Basajaun en el intercambio cultural entre los neandertales y los homo sapiens?
 

¿Un basajaun pirenaico?

Algunos criptozoólogos aseguran que no es tan descabellado suponer que en el interior de bosques como los pirenaicos exista algún tipo de criaturas desconocidas, descendientes de los antiguos neandertales.

De hecho, esporádicamente se recogen testimonios de personas que aseguran haberse topado con seres extraños en estos bosques. Así ocurrió en 1968, cuando un motorista avistó en la localidad de Hostalric (Girona) a un «animal de cuerpo grande, peludo, que cruzaba la carretera con aire cansino». La misma descripción que ofrecía días antes otro testigo en el pueblo barcelonés de Vilobí. No han sido encuentros aislados, pues en los años 80 siguieron recogiéndose descripciones semejantes, esta vez en el Pirineo oscense. Los encuentros, como no, tuvieron lugar en las mismas zonas donde perdura la creencia en seres parecidos al Basajaun.

Con la expansión del homo sapiens por Europa, los neandertales se vieron obligados a recluirse en lugares cada vez más inhóspitos: zonas boscosas y frías, inhabitables para la nueva especie. En Europa se refugiaron en los Urales, los Cárpatos, los Alpes y los Pirineos.

 


ARQUEOLOGÍA PSÍQUICA      PRINCIPAL

     Iván Rámila - Criptozoología . Revista Año Cero nº02-199