LA OTRA TARTESSOS

 
                                                     

EL ISTMO DE GIBRALTAR

 

 Paulino Zamarro Sanz

 

 

 

 


Hoy existe un estrecho que separa Europa de África, eso es evidente, pero: ¿Hubo alguna vez un istmo que uniera las dos orillas? 

 

Pues sí, lo hubo y desapareció hace tan sólo 7500 años, pero como dicho así nadie lo creería, a continuación trataremos de probarlo:

Es sabido, o al menos así lo afirman los geólogos, que entre finales del Mioceno y mediados del Plioceno existió una gran isla entre la península ibérica y África, con una extensión semejante a la de las actuales provincias de Cádiz, Málaga, Granada, Almería y Murcia, que estaba separada de ambas masas continentales por los estrechos bético al norte y rifeño al sur.

 

Hace unos cinco o seis millones de años, la orogénesis alpina cerró el estrecho bético por el Este, dejando un gran golfo al Oeste constituido por la depresión del Guadalquivir, que se fue rellenando con el tiempo por los sedimentos procedentes de su cuenca, cuyo proceso continúa aún en Doñana. Algo más tarde, es decir, hace unos cuatro o cinco millones de años, se cerró también el estrecho rifeño y el mar Mediterráneo se convirtió en un gran lago sin comunicación con el océano Atlántico.

 

El estrecho rifeño se abrió más tarde y hoy es conocido como el estrecho de Gibraltar, pero en lo que no estamos de acuerdo es en la fecha que ocurrió, puesto que hasta ahora se venía diciendo que dicho estrecho se había abierto hace aproximadamente un millón y medio de años y lo cierto es que hay evidencias suficientes para pensar que ocurrió hace tan sólo 7.500 años, es decir, antesdeayer, aduciendo para ello, entre otras, las siguientes razones:

1. Nivel estable de sedimentación

Existe en el Mediterráneo un nivel estable de sedimentación Plio-Cuaternaria a una profundidad aproximada de 90-100 metros, lo cual permite suponer que dicho mar estuvo estabilizado durante varios millones de años a dicha profundidad, sin que apenas le influyeran las fluctuaciones originadas por las glaciaciones, lo cual sólo pudo ocurrir mediante una separación física entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, es decir por una lengua de tierra que los mantuviera separados.

 

2. Las antiguas lenguas y la paleontología

Estas dos ciencias aportan pruebas colaterales muy interesantes, entre las que cabe destacar las similitudes existentes entre las antiguas lenguas del norte y del sur del estrecho de Gibraltar, puestas de manifiesto por el historiador y lingüista José Alonso García, con el que concuerda totalmente nuestro ilustre filósofo e historiador Ramón Méndez Pidal, que no dudó en calificar el eusquera como una lengua neo-ibérica, incluso antes de que se hubieran conseguido descifrar los textos ibéricos usando el vasco como lengua matriz. Las similitudes entre dichas lenguas, es decir entre el vasco-ibérico y el bereber, sólo se pueden explicar con la existencia de un istmo que uniera las dos orillas y facilitara las migraciones constantes y masivas que debieron tener lugar entre el sur, que se estaba desertificando al término de la última glaciación y el norte, que acogía el exceso de población procedente de lo que hoy es el Sahara.

 

La paleontología también refuerza esta tesis, al destacar la presencia de neandertales en ambas orillas del estrecho, para lo cual baste recordar al hombre de Gibraltar (primer neandertal descubierto en Europa) y los recientes descubrimientos de neandertales llevados a cabo por la Universidad de Cádiz en la Cueva de la Cabilia, Benzú (Ceuta), así como los de Atapuerca (Burgos), con una antigüedad del orden de 800 000 años y del hombre de Orce (Granada), cuya antigüedad puede llegar a los 1,3 millones de años, que los convierte en los restos de homínidos más antiguos descubiertos en Europa , lo cual permitió intuir a nuestro por fin rehabilitado paleontólogo, José Jiménez Clos (descubridor del hombre de Orce), que el hombre pudo llegar al continente europeo mucho antes de lo que se pensaba, cruzando el entonces accesible istmo de Gibraltar.

 

3. La mitología

Existen diversas citas históricas antiguas, de Estrabón, Eratóstenes, Píndaro, etc. Y la leyenda de la destrucción del istmo de Gibraltar por Hércules, que afirman la existencia de una conexión terrestre entre ambas orillas. Sólo es mitología y citas de historiadores que, a pesar de su reconocido prestigio, carecen de rigor histórico al mezclar realidad y fantasía. Pero tanta insistencia en que hubo un istmo, así como en su destrucción en una época relativamente reciente, nos induce a pensar que tal vez tengan algo de razón, que la leyenda puede tener un origen real y que fue trasmitida por tradición oral desde la más remota antigüedad hasta los albores de la historia.

 

4. Una prueba concluyente

Todo esto no serían más que palabras, si no hubiera evidencias concluyentes que avalaran la existencia del mencionado istmo despejando cualquier duda. Pero lo cierto es que dichas evidencias existen y vienen determinadas por el hecho de que en 1998 los geólogos norteamericanos de la Universidad de Columbia, William Ryan y Walter Pitman, descubrieron, gracias a las pruebas del carbono catorce realizadas en los sedimentos del mar Negro, que dicho mar había cambiado bruscamente de salinidad hacia el año 5500 a.C., pasando de ser un lago de agua dulce a convertirse en un mar de agua salada, proceso que sólo se puede explicar si admitimos la existencia, hasta esa fecha, de un istmo en lo que hoy es el estrecho de Gibraltar, que propiciara que el mar Mediterráneo estuviera a un nivel mucho más bajo que el océano Atlántico y que dicho istmo se hubiera destruido bruscamente en ese momento, desencadenando la inundación del Mediterráneo, la elevación repentina de su nivel y acto seguido tuviera lugar el mismo proceso en el mar Negro.

 

Otras pruebas, que reafirman la repentina inundación, son las evidencias encontradas en el Bósforo, de la erosión producida por algo que bien pudiera ser una avalancha de agua, y las observaciones y trabajos realizados por el oceanógrafo búlgaro Petko Dimitrov, que descubrió restos de playas y litoral en el fondo del mar Negro. Examinando conchas localizadas en una expedición submarina, Petko llegó a la conclusión de que el nivel del agua se había elevado de golpe unos 60 metros, como lo demuestra el hecho de que existe un homogéneo nivel de sedimentación situado a 60 metros bajo el nivel actual del mar, por encima del cual, los sedimentos anteriores al 5500 a.C., muestran siempre una procedencia seca con restos de raíces y vegetación terrestre.

 

En cuanto a la mencionada elevación repentina, la cual indudablemente tuvo lugar, se debe matizar, no obstante, que en el Mediterráneo debió ser del orden de 78 metros, más otros 17 metros de suave ascenso que tardaron en alcanzarse unos 1500 años, coincidiendo con el momento en el que se estabilizó el nivel del mar al término de la última glaciación. La elevación del nivel del mar Negro fue tan sólo de 60 metros y también tuvo lugar en dos fases, iniciándose la primera al alcanzarse el umbral del Bósforo y los Dardanelos y los 17 metros restantes 1500 años después.

 

¿Pero como pudo ocurrir, teniendo en cuenta que las apariencias geológicas parecen indicar lo contrario y es creencia generalizada suponer que el estrecho de Gibraltar se abrió en el Plioceno?


La explicación es muy sencilla, a la luz de las evidencias apuntadas en los párrafos anteriores, de acuerdo con las cuales no cabe albergar duda alguna sobre la ruptura del istmo hace tan sólo 7500 años, y es que el istmo de Gibraltar no llegó a romperse en el Plioceno, aunque la tectónica de placas tendiera a separar las masas continentales, ya que la fractura que se estaba produciendo era sellada al mismo tiempo por la ingente cantidad de sedimentos aportados por la erosión costera y sobre todo por la procedente de los ríos Guadiana y Guadalquivir, coadyuvados por las corrientes marinas, las mareas y los vientos dominantes que, suponiendo fueran semejantes a los actuales, no sólo habrían contribuido al sellado y consolidación del istmo, sino que incluso hicieron posible su recrecimiento en los periodos de ascenso del nivel del mar.

 

Una vez destruido el istmo, seguramente como consecuencia de un maremoto, semejante al que tuvo lugar en 1755 a 300 Km del cabo de San Vicente y el consiguiente tsunami que ocasionó, las evidencias de que había existido un istmo desaparecieron arrastradas por las aguas y solo quedaron las pruebas que se han mencionado en lo párrafos anteriores, las cuales se han puesto de manifiesto hace tan solo algunos años, pero que, sin duda, son suficientes para asegurar que el istmo de Gibraltar perduró hasta casi el término de la ultima glaciación.

 

Es por tanto casi seguro que el istmo de Gibraltar lo destruyó un tsunami, arrasando los sedimentos que formaban el entonces precario istmo de Gibraltar. El istmo en aquel momento debía ser muy estrecho, debido al acelerado ascenso del nivel del mar que se estaba produciendo y, aunque la naturaleza tenía recursos suficientes para sobreelevarlo y permitir que llegara a nuestros días, esa misma naturaleza desencadenó un cataclismo en la fractura entre las placas continentales africana, europea, originando su destrucción. 

 

 

 

 

 

 


 


Paulino Zamarro Sanz
pzamarro@gmail.com
Ingeniero Técnico en Química Industrial
Autor de los libros: Del Estrecho de Gibraltar a la Atlántida y Las lagunas de Cantalejo
Madrid, España

 


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