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GRAN MADRE-MUJER ETERNA


La Sexualidad Arcaica, ¿Arcaica?


 

He querido traer a colación expresa este artículo precisamente porque ha llegado a mi en estos momentos tan importantes y ricos para todos.

 

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Yo ya conocía desde hace aproximadamente año y medio este libro de Guillermo Piquero, pero quizá debía ser ahora cuando debía leerlo con la profundidad que se merece. Sobre todo porque sabemos que no es lo mismo hace año y medio que Ahora. Después de haber vivido lo que he vivido, sentir lo que he sentido, la realidad que siempre ha estado ahí, frente a mi, ahora la percibo diferente, me sorprendo de ella, es otra. Lo he dicho en otras ocasiones, el cúmulo de sincronicidades lleva a la Revelación, y Revelación he tenido al leer nuevamente y con Conciencia Despierta el capítulo de este libro.

 

Es muy difícil daros siquiera una breve explicación del hecho, repito, habría que ser poeta para desprender y ofrecer la Visión y el Sentimiento de lo que Uno quiere decir.

Saquemos al poeta pues y que el dirija mis palabras y sentir ...

 

Buscando a la Madre estaba y ella llegó a Mi con pasos sigilosos.

Yo Soy, dijo Ella,

Yo Soy me reconocí

¿Adonde vas Hijo?

En Tu Sagrada Búsqueda me hallaba, Madre,

pero por el camino me entretuve a recogerte estas lindas margaritas del campo andaluz,

Ah, Muchas gracias, me respondió Ella, eres un Sol,

Resplandeces como una Estrella, ya que eres un Sustituto Mio en la Tierra.

Eres Amor y Das Amor, porque eres Puro y Refulgente,

siempre lo has sido y en tu inocencia creíste que los otros eran como Tú,

y Te han limitado y engañado.

Eres el León del Ser y crees que cordero eres,

Te miras en las aguas cristalinas del Lago Primordial y balas como un cordero,

pero quiero que sepas que eres Sacerdote León Solar de la Madre Cósmica y Divina.

Pongo en tus manos la Antigua Herencia de la Lemuria Andaluza y Tartéssica,

conocida por otros como la Atlántida Ibérica, Tierra Primordial por todos soñada, buscada y añorada.

Paraíso Terrenal aquí en la Tierra Gaia, Estrella del Alma de la Madre, Anclaje de Vida, Recreo del Amor y Cultura de la Celebración de la Vida.

Te ofrezco estos dones para que reconozcas y divulgues los códigos ocultos y repongas el Paraíso Perdido dentro de Vosotros Mismos.

El Paraíso está Aquí y Ahora, en este Momento.

 

Solo se Va al Padre a través de la Madre, el AmOr Divino Luminoso en Expansión, Luz Divina Recreadora y Engendradora de Vida.

Desde el Útero Femenino, desde la Fecunda Naturaleza, desde el Logos Solar, desde el Centro Galáctico, desde el Centro Mega Galáctico, desde el Universo Central,

la Espiral, El Gran Útero Universal de la Madre, de la Gran Madre, fue penetrado y copulado por el Padre en sublime Coito Lumínico,

La Luz fue el sagrado Esperma derramado y sus Dones de Vida y Amor con el Sagrado, Cósmico y Amoroso Útero Universal está conectado.

El Útero de la Mujer, es en sí el Sagrado Útero de la Gran Madre, lo que es arriba es abajo.

No bloqueéis el sagrado fluir del Amor, Amor por todo y a tod@s.

 

¿Será este Fluir, Eterno Fluir, el Amor fraternal y desprendido ?

Es el Amor Real el Carnal, el que comparte Deseo de Dar, de Dar, de Dar ...

Sagrada Alquimia del Alma con el Fluir Sexual de los Dones del Dar

Maestro Supremo de la Alquimia del Alma nombrado Soy

Eventos Cósmicos regados en solaz patria chica Andaluza, pues eso ...

repito una vez más Anda Luz Soy y Riego el Amor Arcano por doquiera que vaya o sienta.

 

Oh poeta del Alma, tantas veces te he necesitado en mis momentos sombríos ...

Entono un Albricias, un Hu Ra (Hurra), un Ja Ra Ma (Jarama), una Sonrisa de la Madre Ra,

la Conexión Galáctica me ha sintonizado de nuevo a la Misión Tierra y la Madre se me ha Revelado.

 

Nueva Tierra, Nueva Tartessos como Misión Revelada ...

Soy CenTauRo y CenTauRa, CanTauRa y CanTauRo

Or Tau es mi Semilla y Can Tau Ro mi canción, Ro Ro, A Ro Ro, Canción de Cuna,

del Niño Divino que Despertamos Nuevamente el 8-8-8 con el PeseBere como estrella Heliaca del Momento Sideral.

Nacimiento del Cósmico y Crístico Momentum Colectivo.

Soy Mujer y Hombre, Soy OmBeRe.

Vibración Cósmica del Cuerpo de Ra

El Cantante de Ra, El que Entona la Canción del Alma Divina

 

En el Resonar Resueno y abro los Códigos Celestiales con mi canción,

Eterna canción de Cuna, Kuna, K Una, Ka Una, Espíritu Femenino Nacido de la Madre Una y Divina

Y el son sigue y sigue ...

hay risas y llantos de niños, resuenan con sus juegos, las madres se afanan a su tarea de Hogar

Mientras, la Gran Diosa Madre, Origen de la Vida, Encarnación de la Naturaleza

Nos regala su Amor

Soliman Or TaU

 


 

La Sexualidad Arcaica

 

Del libro "La Senda Aborigen" de Guillermo Piquero

Capitulo I. Tema 2: Una Revisión del Matriarcalismo. Punto B: La Sexualidad Arcaica

 

“Teniendo en cuenta la perspectiva gaiática de la vida humana, y un punto de vista no patriarcal. En primer lugar, hay que partir de que en el Paleolítico, como luego en el Neolítico, el sexo no se había instituido en tabú ni era objeto de represión alguna. Sin inhibiciones, ni pudor ni recato, el sexo y la búsqueda del placer corporal formaría parte de su vida cotidiana, y se practicaría de forma espontánea sin reglamentación alguna”.

Casilda Rodrigañez


La escisión del cuerpo de la mujer y el invento del amor espiritual se inscriben en un orden general de los sentimientos. Según De Choisy hay datos históricos que prueban que hubo un tiempo en el que el amor al prójimo era físico, y era una regla en una sociedad basada en la conservación de la vida, en el bienestar y en la ayuda mutua. La espiritualización cristiana del “amor al próximo” forma parte del orden sexual represivo patriarcal. De Choisy cuenta también cómo, en la transición a la sociedad patriarcal, cuando empiezan a instituirse la monogamia y la exclusividad, aparecen las hetairas, lo que nuestra cultura ha llamado prostitutas sagradas, para "expiar el pecado del matrimonio" y mantener vivo el fluido del amor. Cuando la monogamia y la pareja se generalizan, las prostitutas sagradas se mantendrán todavía durante algún tiempo en algunos lugares junto con los cultos a la Diosa Madre.
 
El matrimonio aparece, ante todo, como la violación de una ley religiosa. Por muy incomprensible que sea para nuestra conciencia moderna, esto tiene el testimonio de la Historia. (...) El matrimonio debía ser expiado ya que "por su exclusivismo viola la ley de la divinidad". La naturaleza no ha dotado a la mujer de tantos encantos para que se marchite en los brazos de un hombre solo. La ley de la materia, según esta filosofía religiosa, odia la coacción, rechaza todo límite, considerado como una ofensa hacia la diosa. El matrimonio sólo fue posible después de un cambio de moral (...) La monogamia debe compensar con la prostitución sagrada su infracción a las leyes de la materia y reconquistar así la complacencia divina.

Marise De Choisy.
 
La religión de la Diosa Madre apareció durante la transición, en las primeras ciudades-Estado (y sus vestigios han perdurado hasta la Edad Media, con los druidas, celtas etc.), como una forma de resistencia: un modo de conservar el antiguo modo de vida y de cultivar la vida contra el Patriarcado, y por eso, entonces, las prostitutas eran “sagradas”: eran sacerdotisas de la Diosa que vivían en los templos para rendir culto al Amor. No es casualidad que la mariología, el culto a la Virgen María, aparezca en el siglo XII para machacar los vestigios de los diferentes cultos a la diosa Madre y hacer prevalecer el amor “espiritual” sobre el amor verdadero.


 “Del abandono al primero que llegaba le sucede la elección de las personas; Deméter ha vencido a Afrodita. Pasamos al reino de la pareja”.

Marise de Choisy


Ahora el deseo lo induce el neocórtex ante aquél o aquella cuya imagen representa el prototipo de lo que te debe gustar, de lo que es adecuado para formar la pareja, obedeciendo al orden sentimental establecido. Hoy no podemos entender el significado de "el abandono al primero que llega" de los otros tiempos. No podemos ni imaginar algo tan simple como el deseo descodificado. Pero lo cierto es que, sin mediar la destrucción del tejido social y los procesos de devastación y de domesticación de las criaturas, el deseo no codificado es inducido por el deseo de otr@; y basta sentirse desead@ para desear a quien te desea.
 
El deseo, por su propia condición, se derrama para fundirse con otr@s, y se guía por su anhelo de complacer a otr@. Es cierto que, cuando de la integridad de nuestro ser mana el deseo y el sentimiento puro, su tránsito es como una caricia que lame todos los vericuetos de nuestros cuerpos y de nuestras almas; pero el hecho de que el derramamiento del deseo nos produzca placer, no debe de confundirnos. El deseo genuino no es egocéntrico. Como diría Kropotkin se obtiene placer dando, porque la búsqueda del placer y la solidaridad son las vías generales del mantenimiento y de la expansión de la vida. Y no hay en ello nada misterioso ni romántico: sin esta cualidad (la ayuda mutua y la búsqueda del placer o de "lo agradable") el reino animal jamás se habría desarrollado o alcanzado su perfección actual. Desear a otr@ es ante todo deseo de saciar sus deseos; y al saciar los deseos del ser deseado, nos fundimos y nos saciamos. Es el complacer del placer, y el placer de complacer. El sentir del consentir, y el consentir de los sentimientos que se originan precisamente para expandirse -la condición del mantenimiento de la vida es su expansión-, y por eso decimos que, en su origen, los deseos no son ni posesivos ni egocéntricos. La posesividad, con palabras de Deleuze y Guattari, es un contraefecto de la represión.
 
Nuestra condición humana está preparada para la abundancia de la producción de los deseos, de unos deseos saciables; y no para la carencia ni para la frustración. Pero el orden social tal y como está constituido, frustra y asfixia nuestro anhelo de vida desde el mismo nacimiento, y crecemos con los deseos bloqueados y reprimidos. Y ese anhelo profundo reprimido, que habita en lo más hondo de nuestro ser, es el que se idealiza y se canaliza hacia el “amor” posesivo, con toda su fuerza contenida y con toda la ansiedad acumulada durante años. La criatura humana abandonada por sus congéneres se convierte en individuo en busca de compañía. El deseo se ha transformado ya en miedo a carecer, y este miedo, a su vez, en afán de poseer a otra. Hemos entrado en el reino de la pareja, que presupone el reino del individuo.


El ego es el resultado del bloqueo del flujo de la vida; cuando el deseo deja de fluir, el ser humano queda en soledad, y aparece el individuo, que trata de compensar la carencia y la soledad con la posesión; por eso su "identidad" se define por lo que retiene, acapara y convierte en su posesión ("mi" papa, "mi" mamá, "mi" casa...); aparece el “yo-poseedor“ por contra del yo-vivo-disuelto: por contra del vivir disuelto que hace innecesaria la metafísica y la “identidad”.
 
El “ego” se forma por la imposibilidad del deseo de fluir y con la descomposición del amor, por un lado, en “amor” sexual posesivo, que sí es egocéntrico; y por otro, en “amor” espiritual, que puede que no sea egocéntrico, pero que está desprovisto de deseo.
 
El “amor”, el desprendimiento, la generosidad gozan de un prestigio hipócrita en nuestra sociedad siempre y cuando sea un sentimiento mutilado, no sea amor sexual. ¿Por qué, en medio de tanta generosidad, el amor sexual tiene que ser posesivo, exclusivo y egocéntrico? La respuesta es clara: el deseo es el sustento de la ayuda mutua, y el Poder no puede manipular y controlar la vida más que mutilándola.
 
El “ego” es una impostura que aparece con las relaciones de Poder. L@s antropólog@s han constatado en ciertas tribus la inexistencia de la identidad individual; la conciencia que cada cual tiene de si es la mera pertenencia a un grupo, la de ser parte de un grupo humano: a esta forma de percibirse lo han llamado miméticamente "sistema de identidad grupal".

 
Según la antropóloga Martha Moia, en la estructura social matrifocal, la “identidad” era grupal y la convivencia estaba basada en el deseo (sexual) materno de bienestar directamente vinculado a la conservación y protección de la vida. Se trataba de "ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida". Los mayores y los fuertes cuidaban y protegían a los pequeños y a los débiles como requisito de bienestar de conservación del grupo. La ayuda y no la lucha eran la garantía de la vida. Del reconocimiento de la madre y de su amor materno, brotan los sentimientos de fraternidad.

 

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